lunes, 26 de noviembre de 2018

Les comparto un capítulo del libro 
DILEMAS DE LA CONVIVENCIA. LA LITERATURA COMO ESTRATEGIA PARA COMO ESTRATEGIA PARA CONSTRUIR LA PAZ EN LA ESCUELA.
Obra inédita de mi autoría que aborda otra tendencia válida en educación.


¿POR QUÉ LA LITERATURA?


“La literatura está más cerca de la vida que de la academia, la literatura es vida pura”.
Beatriz Helena Robledo

Dentro del ámbito escolar, en un gran número de casos, la literatura llega a limitarse al listado de obras literarias de diferentes nacionalidades en cada una de las épocas históricas y bajo un fundamento teórico. Consecuentemente estudiantes y docentes de diversas áreas académicas, realizan año a año una lectura “comprensiva” de estos textos literarios con diversos fines.

En el docente los objetivos pueden ser variados, en algunos casos el logro de que cada estudiante lea, en esta época de tanta aversión a la lectura por parte de niños, jóvenes y adultos; en otros casos, puede buscar que entienda, analice, enmarque en una teoría literaria el texto y muy posiblemente que produzca un escrito con unas características aceptables en cuanto a cohesión y coherencia; en otros momento se puede centrar en encontrar la belleza en la palabra y adentrarse en la riqueza y creatividad del lenguaje. Incluso puede buscar abordar todas a la vez y eso está muy bien.
En el estudiante el objetivo está mediado por la calificación y la promoción al grado siguiente, no obstante, en el intento se encuentra con algunos textos que le transforman la vida, lo cuestionan, lo sensibilizan o lo torturan, y eso es maravilloso. Y la obra literaria entra a cumplir un papel importante en su vida y posiblemente se convertirá en parte significativa de su experiencia personal y se habrán logrado todos los objetivos propuestos y hasta los que no se habían contemplado. Sin embargo estas situaciones no son tan comunes como se desearía, más bien, escasas por estos días en los que la lectura ha sido reemplazada por lo audio visual (televisión, internet, etc).
En los años 2003 y 2004 se hizo un estudio de evaluación de calidad de la educación en Colombia con la participación de 17 países de América Latina en el que se encontró que “casi en ningún caso la literatura es asumida como una experiencia cognitiva que posibilita la reconstrucción de mundos y universos culturales” (Jurado 2004a). Este estudio, a pesar tener más de diez años de realizado, refleja cómo se asume hoy la literatura en algunos colegios:

    […] se observa un esfuerzo por vincular la reflexión sobre el texto literario con el aprendizaje de        categorías lingüísticas y la producción escrita, así como una tendencia a la asunción de la lectura        del texto literario a partir de la identificación de significados básicos en una determinada obra (lo        que se dice en el texto, lo que ocurre, aquello de lo que trata, lo que denominaremos lectura                literal),  así como acercamientos inferenciales y críticos.” (Jurado 2004b).

Esta tendencia académica en los colegios ubica la literatura en un lugar donde se desestima su valor interno como un ente vivo, como experiencia vívida que refleja al ser humano en todas sus dimensiones como ser de valores y perversiones, con aciertos y contradicciones, con actos de sublime nobleza y otros de gran bajeza; con dilemas, sueños, ideales, fantasías gloriosas, alegrías profundas, euforias superficiales, desborde de emociones y construcción de razones, también con costumbres, rutinas, tedio, tristeza, depresión, en fin una humanidad compleja.

La literatura nos abre un abanico de oportunidades y la enorme posibilidad de experimentar diversos cuadros de la vida, donde podemos identificarnos, tomar distancia, intentar entender al otro, reconocer los múltiples matices que se evidencian en las personas y las relaciones personales, y que nos pueden conducir a la decisión de no juzgar, acusar, señalar, castigar sin tener en cuenta que la perfección humana no existe, que los estereotipos son solo eso, que la soberbia de la altivez no es más que una máscara que cubre nuestras profundas debilidades y que en los “zapatos” de personajes de cuentos y novelas podemos aprender lecciones trascendentes para nuestra vida, sin necesidad de tener que sufrirlas en carne propia. La literatura nos transmite mundología; experiencia y habilidad para gobernarse en la vida y tratar con la gente

             Libro, Asia, Niños, La Educación, Niña


Se puede pensar que es un sobre dimensionamiento de la literatura, sin embargo no podemos desconocer que la literatura es el arte de la palabra y los seres humanos somos lo que el lenguaje expresa de nosotros, somos una construcción del lenguaje; lo que vivimos, soñamos, pensamos, deseamos u odiamos lo manifestamos a través de la palabra, la idea. Y el texto literario condensa eso que los seres humanos experimentamos a lo largo de la vida, a través de la historia, en cada época, en variados escenarios ante diferentes situaciones.
Las novelas nos enseñan qué es el bien y qué es el mal, cómo obran algunos para achicar ese mal o para facilitar ese bien. O, como diría Carlo Ginzburg, la literatura aumenta y entrena la imaginación moral: nos permite evaluar las conductas de experiencias ajenas para así examinarnos a nosotros mismos. (Serna, 2008a)
La literatura es también un remedio contra lo real. O, por decirlo con Cesare Pavese, es una defensa contra las ofensas de la vida, una forma de oponernos a las injurias de lo ordinario, a esas cosas que nos pasan y cuyo dolor aliviamos con narcóticos diferentes. ¿El principal dolor? El aburrimiento, sin duda. ¿El segundo dolor? La muerte, claro. La literatura es un modo torpe, egregio, humano, incompleto de frenar la muerte.” (Serna 2008b)
Además de lo anterior, se hace necesario, tener en cuenta lo que plantea Savater (1997):
Los humanos no somos problemas o ecuaciones, sino historias; nos parecemos menos a las cuentas que a los cuentos. Es imprescindible por tanto que la enseñanza sepa narrar cada una de las asignaturas vinculándola a su pasado, a los cambios sociales que han acompañado su desarrollo, etc. (Pag. 139).

Es hora de darle a la literatura un lugar preponderante en la escuela, no sólo como asignatura, como teoría, sino como eje a través del cual podemos apoyar la formación de niños, niñas y jóvenes en cada una de sus dimensiones, como un “pedazo de vida” que nos puede enseñar sobre la vida. En tiempos de tanta violencia y transgresión de valores, es necesario volver a lo fundamental, a la esencia, a lo que nos ha hecho seres históricos, “no se conoce ningún pueblo, a lo largo de la historia, que no tenga una tradición narrativa, oral, escrita y/o audiovisual.” (Ferrés 2000, pág. 28). Esa tradición narrativa, tradición de palabra, nos condiciona naturalmente a involucrarnos en las historias, a imaginarlas, a creerlas nuestras, reflexionarlas, incluso palparlas.
Una propuesta como esta puede causar escozor en los defensores de la imagen, de lo audio visual, de lo virtual, del espectáculo como tendencia contemporánea, como parte de la realidad del estudiante. Pueden surgir múltiples argumentos que buscan tachar la esencia de este libro como retrogrado y poco innovador, contradictorio con las nuevas tendencias pedagógicas y todos pueden tener su cuota de razón. Sin embargo esta propuesta no busca deslegitimar la pedagogía contemporánea, toda ella centrada en los intereses de los niños, en sus gustos y prioridades; busca ser un polo a tierra que no nos deje olvidar nuestra naturaleza, lo que a lo largo de la historia ha sido un reflejo de lo que somos, porque a pesar de los cambios que la imagen ha traído a nuestras vidas, aún no nos ha quitado el encanto y la necesidad de ser humanos.
El planteamiento de este libro busca ubicarse en el mismo lugar de importancia de las nuevas propuestas pedagógicas donde la imagen, el video, la televisión, la internet juegan un papel preponderante, porque tristemente esta “cultura del espectáculo” (Ferrés 2000) está cayendo en el error de menospreciar lo clásico, lo que formó miles de generaciones con excelentes resultados, seres humanos que han edificado la cultura universal y que no lo han hecho mal. Busca recordar que “El ejercicio del pensamiento parece requerir quietud, silencio. La actitud reflexiva parece
requerir capacidad de distanciamiento respecto a las emociones. El simbolismo exige capacidad de trascender lo concreto. La autonomía personal exige capacidad de control y de espera…” (Ferres 2000a, pág. 68). Evitar que se olvide que centrar la educación en lo audiovisual y la estimulación sensorial “riñe con el pensamiento conceptual, la reflexión y la racionalidad.” (Ferres 2000b, pág. 68) y que no se puede privilegiar lo uno sobre lo otro, como desafortunadamente se está presentando, en aras de “sintonizar con las nuevas generaciones” (Ferres 2000).

La apuesta de esta estrategia es de resistencia, de esperanza en la educación de una generación que aprenda a convivir en paz a partir de la reflexión, la recuperación de los valores, de la cultura del pensamiento, de la sensibilidad ante el ser humano que está a su lado, no al otro lado de la pantalla, el cual, a pesar de ser cierto, es irreal en la mente humana. Se propone abrirle un espacio al silencio, la concentración, la empatía, dentro del vertiginoso mover y la prisa que caracteriza la escuela y el día a día. De paso puede generar gusto por la lectura, inquietud frente al texto escrito, ejercer operaciones mentales complejas que contribuyan a su éxito académico en la escuela.
Es una obligación, una responsabilidad de la escuela ofrecerles a los estudiantes todos los elementos posibles y la formación potencial para que ellos tengan la libertad de decidir, de elegir el enfoque de sus vidas, ofrecerles otras visiones, otras formas de acercarse al conflicto, tanto el social como el personal, asumir posturas pacificadoras o beligerantes, bélicas o conciliadoras, con los argumentos válidos para responder por cualquiera que elija.
Sin la libertad fundamental y la capacidad para hacer una cosa, una persona no puede ser responsable de hacerla. Pero el hecho de tener libertad y capacidad para hacer una cosa impone a la persona la obligación de considerar si la hace o no, y eso implica una
responsabilidad individual. En este sentido la libertad es tanto necesaria como suficiente para asumir la responsabilidad. (Sen A. 2000).
REFERENCIAS
Ferrés (2000) Educar en una cultura del espectáculo. Ed. Paidós, España.
Jurado (2004) Palimpsestos. Edic. SEM, Bogotá, D.C.
Savater (1997) El valor de educar, Ed. Ariel, Bogotá 1997
Sen (2000) Desarrollo y libertad. Ed. Planeta, Barcelona
Serna (2008)/para-que-sirve-la-literatura/Tomado de http://justoserna.com/2008/12/01


      https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/necesario-transformar-educacion/94028.htm                                  lLos Libros La Lectura Páginas Libros De Te

lunes, 1 de octubre de 2018

SER LAS PERSONAS QUE QUEREMOS SER...


                                                                         
                                ¿QUÉ CLASE DE ESCUELA DEBEMOS CONSTRUIR?

La escuela debe renovarse, reinventarse, no puede ser estática.  ¿Qué estamos haciendo para que se le impregne dinamismo, novedad y libertad?

Algo en qué pensar....


¿Hacia dónde va la educación?

No precisamente se enfoca en la repetición de información que se desactualiza con el pasar del tiempo, más bien se dirige hacia el desarrollo de habilidades  que les permita a los estudiantes "navegar" con agilidad e idoneidad en un mundo cambiante. 

SIGLO XXI, PEDAGOGÍAS DEL SIGLO XIX. EL DESCONOCIMIENTO DE LA TECNOLOGÍA NO EXIME SU USO EN EL AULA


SIGLO XXI, PEDAGOGÍAS DEL SIGLO XIX.
EL DESCONOCIMIENTO DE LA TECNOLOGÍA NO EXIME SU USO EN EL AULA


La tarea de educar se ha considerado a través de la historia como un acto humano en el que media el conocimiento, un acto en el que la “verdad” o conocimiento es administrada por unos (profesores) y recibida por otros (estudiantes). Entre los muchos conceptos acuñados, podemos decir que la educación es un “…hecho humano y social que se produce en todos los tiempos y en todas las latitudes, donde quiera que entran en contacto dos generaciones sucesivas: una generación adulta, ya formada, y una generación adolescente, en formación, y cuando la primera ejerce una acción consciente e intencionada sobre la segunda con el fin de influir en el proceso de su desarrollo”. (Hernández y Tirado, 1940: p. 6 en Rojas M. 2006).
       Como acto humano, la educación, se ha ligado a la pedagogía la cual se ha considerado una ciencia, pero también una “reflexión práctica y teórica permanente sobre los procesos, instituciones o sistemas educativos”. (Lucio. R., Ávila R. 1989 en Ramírez.  Pedagogía y ciencia).
       Es esta pedagogía la que a lo largo de la historia ha venido evolucionando, buscando caminos para hacer que el proceso de enseñanza aprendizaje esté acorde con el mundo cambiante y las necesidades de educación que vienen con esta transformación.  Sin embargo, a pesar de su constante reflexión se ha quedado corta en su innovación, en comparación con la evolución que la tecnología de la información y comunicación ha tenido.  Y es que este tipo de tecnología incide directamente en el espacio escolar, puesto que se adelanta a lo que la escuela puede ofrecer, y deja sin piso muchas de las prácticas pedagógicas, que aún en este tiempo están apoyadas por el tablero, el marcador y uno que otro video educativo.
       La educación busca, entre sus tantos objetivos, mejorar la calidad de vida de sus educandos, ofrecerles oportunidades reales de mejoramiento de su vida, pero,   desafortunadamente el contexto educativo colombiano aún se encuentra inmerso en paradigmas que impiden que ese mundo digital, que se observa correr a pasos agigantados, solo tenga cabida en el tema de entretenimiento y poco o nada tenga que ver con el desarrollo personal. ¿Por qué?
       Lamentablemente la fuerza de la tradición histórica en la educación le continúa hablando al oído del “docente”, de la escuela, le hace ver la tecnología como una enemiga, la cual puede deshumanizar su aula, le hace menospreciar las herramientas que ella ofrece en el sistema de gestión del aprendizaje que, en algunas oportunidades, apenas conoce y le impide buscar la forma de entenderlas y aliarlas a su labor docente.
       No todos el ejercicio docente puede ser cobijados por esta afirmación, afortunadamente, hay educadores inquietos que están replanteando constantemente su práctica educativa en relación con la sociedad que viven sus estudiantes y la forma de ofrecerles posibilidades que les permitan adaptarse a una sociedad que se dirige a una era totalmente digital; sin embargo  hay otro sector educativo que permanece suspendido en el tiempo,  repitiendo esquemas de enseñanza recorridos por su propia experiencia.
       Para muchos docentes el miedo a no ser capaz de entender la tecnología y sus posibilidades en el aula lo puede llevar a relegarla totalmente, esto sumado a la precariedad tecnológica de las instituciones educativas y las dificultades que los estudiantes y sus familias tienen para acceder a ella  según el  Informe sobre el desarrollo mundial 2016, en el cual se afirma que “el 60 % de la población mundial sigue sin poder participar en la economía digital en constante expansión,”  y “los beneficios de la acelerada expansión de las tecnologías digitales han favorecido a las personas adineradas, cualificadas e influyentes del mundo, que están en mejores condiciones de sacar provecho de las nuevas tecnologías. Además, si bien el total de usuarios de Internet se ha triplicado con creces desde 2005, hay 4000 millones de personas que todavía no tienen acceso a Internet”; está vulnerando el derecho que los niños, niñas y jóvenes tienen a recibir una educación de calidad, pertinente y adecuada al contexto global.
       Se hace necesario evidenciar las posibilidades tecnológicas digitales para el proceso de enseñanza aprendizaje que están a un clic de distancia, las cuales en el afán del día a día escolar no se alcanzan a descubrir. La escuela no puede aislarse del mundo circundante que ofrece a los habitantes de la “aldea global”, herramientas informáticas de acercamiento al conocimiento, (en la edición y distribución de contenidos), herramientas de colaboración y comunicación (foros, chats, wikis, etc.); seguimiento y evaluación del aprendizaje y organización de los estudiantes en este espacio. Así mismo diferentes tipos de software que les permiten elegir los más adecuados de acuerdo a las características del contexto escolar y de los protagonistas del proceso el estudiante y el profesor (González, J. 2011)
       Es necesario que la escuela reconozca que hay una nueva cultura del aprendizaje
(Adell, J. y Castañeda, L. 2012) y que la pedagogía tiene que ir a la par con ella. Pues si bien las teorías pedagógicas clásicas fundamentan su quehacer en el aula, hay nuevas teorías que amplían el espectro de formas de aprendizaje que la tecnología ha traído consigo y los cuales no se pueden desconocer, entre ellos, el colectivismo el aprendizaje andamiada, desarrollo rizomático del currículo y otros más. (Adell, J. y Castañeda, L. 2012 p. 18).
       En esta nueva era de las tecnologías de la información y la comunicación se
          Superan los límites físicos y organizativos del aula uniendo contextos formales
e informales de aprendizaje, aprovechando recursos y herramientas globales y
difundiendo los resultados de los estudiantes también globalmente. Se anima a
que los participantes configuren espacios y ecologías de aprendizaje. “
      De la misma forma se despliegan una serie de oportunidades en la interactividad, tales como contar con docentes y y compañeros de cualquier lugar del mundo, actividades altamente significativas que permiten “aprender a aprender” y evaluar los aprendizajes emergentes. (Adell, J. y Castañeda, L. 2012)
       Los ambientes virtuales de aprendizaje que se pueden implementar en el aula generan la oportunidad, por las características de su esencia, de desarrollar una pedagogía de construcción del conocimiento; la confluencia de diversas estrategias de acercamiento al conocimiento (weblog, e-portafolios, foros, webquest, laboratorios virtuales, proyectos etc.)  permiten la reflexión, la asimilación del conocimiento y la construcción de nuevos saberes. (Peralta, A.; Barriga, F. 2010).
       A pesar de que es evidente la influencia que la tecnología digital tiene en la cotidianidad de los seres humanos y en especial de las nuevas generaciones, las escuelas siguen, en algunos casos, haciendo caso omiso a esta necesidad, mientras miles de niños y jóvenes se acercan a ella muy al margen de lo que pasa en las escuelas. Es necesario ver
la distancia relativa que existe entre el adentro y afuera de la escuela, por una parte, y entre el docente y el alumno, por la otra: “mientras los adultos se acercan a la tecnología digital como herramienta instrumento” cuando lo hacen, “cada vez más jóvenes viven el mundo digital como entorno” y reconfiguran el lugar de los saberes y sus poseedores. (Triquell et al 2007)
      Esta ruptura pone en desventaja a los estudiantes quienes, si bien cuentan con el interés y manejo de los avances de las tecnologías digitales, su campo de acción se centra en
nuevos momentos de conexión digital que, en el caso concreto de los adolescentes, sirven para reforzar los lazos con sus allegados, estar al día de lo que sucede en su entorno o profundizar en sus intereses personales. Un uso muy diferente al que realizan aquellos niños que pueden acceder al dispositivo del adulto que los acompaña y que habitualmente se basa en el visionado de documentos audiovisuales (dibujos, videojuegos, etc.) o en el repaso de las imágenes de la galería fotográfica de sus padres o familiares” (Roca, G. Coord.) 2015p. 42)
      y se pierden oportunidades valiosas de acceso al conocimiento académico que bien pondrían en la misma línea de acción al docente y el estudiante. 
Se hace ineludible que las escuelas y los docentes, sin desconocer que “la escuela es un lugar de formación y la educación integral de las personas es su objetivo principal” Se hace necesaria “La adquisición de competencias digitales” la cual “no debe ser confundida con la proliferación acrítica de dispositivos ni de aplicaciones. A la escuela se va a aprender de la tecnología y con la tecnología. Se va a adquirir nuevos conocimientos y las competencias digitales son uno de ellos. La tecnología debe estar al servicio del aprendizaje” (Roca, G. Coord. 2015 p. 79).
      Y los currículos escolares deben contemplar la formación de tipo tecnológico para sus estudiantes, programas que, en algunos países, como España ya han incorporado, desde la perspectiva del desarrollo de competencias digitales.  Roca, G.( Coord. 2015 p. 79 y 80)  ha definido el desarrollo de las  competencias digitales desde cinco dimensiones:
La “competencia digital” es la combinación de conocimientos, habilidades y capacidades, en conjunción con valores y actitudes, para alcanzar objetivos con eficacia y eficiencia en contextos y con herramientas digitales.   “La competencia digital en su sentido más amplio comprende cinco grandes         dimensiones:
1.La dimensión del aprendizaje, que abarca la transformación de la información en conocimiento y su adquisición.
2.La dimensión informacional, que abarca la obtención, la evaluación y el tratamiento de la información en entornos digitales.
3. La dimensión comunicativa, que abarca la comunicación interpersonal y la social.
 4.La dimensión de la cultura digital o ciudadanía digital, que abarca las prácticas sociales y culturales de la sociedad del conocimiento y la ciudadanía digital.
5.Y, finalmente, la dimensión tecnológica, que abarca la alfabetización tecnológica y el conocimiento y dominio de los entornos digitales.”
      Esta nueva mirada obliga a toda persona, pero especialmente al docente, a incorporar tanto en su objeto de aprendizaje como en su objeto de enseñanza, los ambientes virtuales de aprendizaje para ofrecerle al estudiante verdaderas condiciones, a nivel escolar, de desarrollo de un potencial que le permita desenvolverse en una sociedad que se lo va a exigir tanto a nivel de educación superior como en la parte laboral.
       Y es que el docente debe soltar su papel protagónico y permitir que en el espacio de aprendizaje los roles se transformen y sea el estudiante, en interacción con otros educandos, el protagonista de su proceso de aprendizaje y convertirse en un tutor.  (Salmón 2002 en Peralta, A.; Barriga, F. 2010).
       Finalmente es necesario que las facultades de ciencias de la educación involucren a sus docentes en una pedagogía con perspectiva digital ubicado en el siglo XXI, que las escuelas creen el contexto apropiado para que los estudiantes puedan acceder a las posibilidades tecnológicas que el mundo les exige y que los docentes se formen académicamente en el manejo de las tecnologías digitales y la forma apropiada de construir conocimiento a través de ellas. Es una obligación intelectual de quienes están frente a la responsabilidad de formar a las nuevas generaciones.
“El hombre debe aprender usando, en principio, los andamiajes de la cultura para adaptarse y transformar su medio y su propia historia individual. El hombre necesita aprender lo que no le es innato, lo que no se le ha dado por nacimiento y potenciar lo que se le ha dado por herencia genética. Por eso necesita de otros y de la cultura para garantizar su tránsito por el mundo. Ese es el proceso educativo. La cultura, en cambio, es todo lo que el hombre ha creado apoyándose en lo que la naturaleza le ha provisto para crear. La creación es individual y colectiva a la vez. El hombre crea tecnología, religión, ciencia, mitos, artes, lenguaje, costumbres, la moral, formas de pensar y de hacer, simbolismos y significados. Los modos simbólicos son compartidos por la comunidad, también son conservados, elaborados y pasados de una generación a otra para así mantener la identidad y forma de vida de la cultura. La expresión individual es sustancial a la creación de significado. La creación de significado supone situar los encuentros con el mundo en sus contextos culturales apropiados… aunque los significados están en la mente, tienen sus orígenes y su significado en la cultura en la que se crean (Bruner, 1997 en León 2007).
REFERENCIAS

 Adell, J. y Castañeda, L. (2012). Tecnologías emergentes, ¿pedagogías emergentes?
            Academia Edu. Recuperado de: https://goo.gl/dXGK7T
González, J. (2011) SGA Sistemas de Gestión de Aprendizajes. [Video de Youtube]   
            Recuperado de: https://goo.gl/XLl0Cr     

León, A.  (2007) Qué es la educación Educere, vol. 11, núm. 39, octubre-diciembre, 2007,
             p. 595-604, Universidad de los Andes Venezuela. Recuperado de    

Peralta, A.; Barriga, F. (2010). Diseño instruccional de ambientes virtuales de aprendizaje
                desde una perspectiva constructivista. Recuperado de: http://goo.gl/uozZh3
Ramírez A. Pedagogía y ciencia. Recuperado de:
              http://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/PYS/article/viewFile/5289/4323                         Roca, G. (Coord.) (2015) Las nuevas tecnologías en niños y adolescentes. Guía para
              educar saludablemente en una sociedad digital. Barcelona: Hospital Sant Joan
              de Déu (ed). Disponible en la web: http://faros.hsjdbcn.org
Roldan, N. (2007). Ambientes Virtuales de Aprendizaje (AVA) ¿Cómo quieren aprender los 
            estudiantes?
           Revista Virtual Universidad Católica del Norte,   Num 19, septiembre-diciembre,
           2006 Fundación  Universitaria Católica del Norte. Medellín Colombia.
           Recuperado  de http://goo.gl/BPeFht.
 Rojas M.  (2006), Presencia de los clásicos en la producción discursiva de pedagogía
             en la Facultad de Filosofía y Letras-UNAM .vol. XXVIII, núm. 113, pp. 7-37.