Les comparto un capítulo del libro
DILEMAS DE LA CONVIVENCIA. LA LITERATURA COMO ESTRATEGIA PARA COMO ESTRATEGIA PARA CONSTRUIR LA PAZ EN LA ESCUELA.
Obra inédita de mi autoría que aborda otra tendencia válida en educación.
¿POR QUÉ LA LITERATURA?
“La literatura está más cerca de la vida que de la academia, la literatura es vida pura”.
Beatriz Helena Robledo
Dentro del ámbito escolar, en un gran número de casos, la literatura llega a limitarse al listado de obras literarias de diferentes nacionalidades en cada una de las épocas históricas y bajo un fundamento teórico. Consecuentemente estudiantes y docentes de diversas áreas académicas, realizan año a año una lectura “comprensiva” de estos textos literarios con diversos fines.
En el docente los objetivos pueden ser variados, en algunos casos el logro de que cada estudiante lea, en esta época de tanta aversión a la lectura por parte de niños, jóvenes y adultos; en otros casos, puede buscar que entienda, analice, enmarque en una teoría literaria el texto y muy posiblemente que produzca un escrito con unas características aceptables en cuanto a cohesión y coherencia; en otros momento se puede centrar en encontrar la belleza en la palabra y adentrarse en la riqueza y creatividad del lenguaje. Incluso puede buscar abordar todas a la vez y eso está muy bien.
En el estudiante el objetivo está mediado por la calificación y la promoción al grado siguiente, no obstante, en el intento se encuentra con algunos textos que le transforman la vida, lo cuestionan, lo sensibilizan o lo torturan, y eso es maravilloso. Y la obra literaria entra a cumplir un papel importante en su vida y posiblemente se convertirá en parte significativa de su experiencia personal y se habrán logrado todos los objetivos propuestos y hasta los que no se habían contemplado. Sin embargo estas situaciones no son tan comunes como se desearía, más bien, escasas por estos días en los que la lectura ha sido reemplazada por lo audio visual (televisión, internet, etc).
En los años 2003 y 2004 se hizo un estudio de evaluación de calidad de la educación en Colombia con la participación de 17 países de América Latina en el que se encontró que “casi en ningún caso la literatura es asumida como una experiencia cognitiva que posibilita la reconstrucción de mundos y universos culturales” (Jurado 2004a). Este estudio, a pesar tener más de diez años de realizado, refleja cómo se asume hoy la literatura en algunos colegios:
[…] se observa un esfuerzo por vincular la reflexión sobre el texto literario con el aprendizaje de categorías lingüísticas y la producción escrita, así como una tendencia a la asunción de la lectura del texto literario a partir de la identificación de significados básicos en una determinada obra (lo que se dice en el texto, lo que ocurre, aquello de lo que trata, lo que denominaremos lectura literal), así como acercamientos inferenciales y críticos.” (Jurado 2004b).
Esta tendencia académica en los colegios ubica la literatura en un lugar donde se desestima su valor interno como un ente vivo, como experiencia vívida que refleja al ser humano en todas sus dimensiones como ser de valores y perversiones, con aciertos y contradicciones, con actos de sublime nobleza y otros de gran bajeza; con dilemas, sueños, ideales, fantasías gloriosas, alegrías profundas, euforias superficiales, desborde de emociones y construcción de razones, también con costumbres, rutinas, tedio, tristeza, depresión, en fin una humanidad compleja.
La literatura nos abre un abanico de oportunidades y la enorme posibilidad de experimentar diversos cuadros de la vida, donde podemos identificarnos, tomar distancia, intentar entender al otro, reconocer los múltiples matices que se evidencian en las personas y las relaciones personales, y que nos pueden conducir a la decisión de no juzgar, acusar, señalar, castigar sin tener en cuenta que la perfección humana no existe, que los estereotipos son solo eso, que la soberbia de la altivez no es más que una máscara que cubre nuestras profundas debilidades y que en los “zapatos” de personajes de cuentos y novelas podemos aprender lecciones trascendentes para nuestra vida, sin necesidad de tener que sufrirlas en carne propia. La literatura nos transmite mundología; experiencia y habilidad para gobernarse en la vida y tratar con la gente

Se puede pensar que es un sobre dimensionamiento de la literatura, sin embargo no podemos desconocer que la literatura es el arte de la palabra y los seres humanos somos lo que el lenguaje expresa de nosotros, somos una construcción del lenguaje; lo que vivimos, soñamos, pensamos, deseamos u odiamos lo manifestamos a través de la palabra, la idea. Y el texto literario condensa eso que los seres humanos experimentamos a lo largo de la vida, a través de la historia, en cada época, en variados escenarios ante diferentes situaciones.
Las novelas nos enseñan qué es el bien y qué es el mal, cómo obran algunos para achicar ese mal o para facilitar ese bien. O, como diría Carlo Ginzburg, la literatura aumenta y entrena la imaginación moral: nos permite evaluar las conductas de experiencias ajenas para así examinarnos a nosotros mismos. (Serna, 2008a)
La literatura es también un remedio contra lo real. O, por decirlo con Cesare Pavese, es una defensa contra las ofensas de la vida, una forma de oponernos a las injurias de lo ordinario, a esas cosas que nos pasan y cuyo dolor aliviamos con narcóticos diferentes. ¿El principal dolor? El aburrimiento, sin duda. ¿El segundo dolor? La muerte, claro. La literatura es un modo torpe, egregio, humano, incompleto de frenar la muerte.” (Serna 2008b)
Además de lo anterior, se hace necesario, tener en cuenta lo que plantea Savater (1997):
Los humanos no somos problemas o ecuaciones, sino historias; nos parecemos menos a las cuentas que a los cuentos. Es imprescindible por tanto que la enseñanza sepa narrar cada una de las asignaturas vinculándola a su pasado, a los cambios sociales que han acompañado su desarrollo, etc. (Pag. 139).
Es hora de darle a la literatura un lugar preponderante en la escuela, no sólo como asignatura, como teoría, sino como eje a través del cual podemos apoyar la formación de niños, niñas y jóvenes en cada una de sus dimensiones, como un “pedazo de vida” que nos puede enseñar sobre la vida. En tiempos de tanta violencia y transgresión de valores, es necesario volver a lo fundamental, a la esencia, a lo que nos ha hecho seres históricos, “no se conoce ningún pueblo, a lo largo de la historia, que no tenga una tradición narrativa, oral, escrita y/o audiovisual.” (Ferrés 2000, pág. 28). Esa tradición narrativa, tradición de palabra, nos condiciona naturalmente a involucrarnos en las historias, a imaginarlas, a creerlas nuestras, reflexionarlas, incluso palparlas.
Una propuesta como esta puede causar escozor en los defensores de la imagen, de lo audio visual, de lo virtual, del espectáculo como tendencia contemporánea, como parte de la realidad del estudiante. Pueden surgir múltiples argumentos que buscan tachar la esencia de este libro como retrogrado y poco innovador, contradictorio con las nuevas tendencias pedagógicas y todos pueden tener su cuota de razón. Sin embargo esta propuesta no busca deslegitimar la pedagogía contemporánea, toda ella centrada en los intereses de los niños, en sus gustos y prioridades; busca ser un polo a tierra que no nos deje olvidar nuestra naturaleza, lo que a lo largo de la historia ha sido un reflejo de lo que somos, porque a pesar de los cambios que la imagen ha traído a nuestras vidas, aún no nos ha quitado el encanto y la necesidad de ser humanos.
El planteamiento de este libro busca ubicarse en el mismo lugar de importancia de las nuevas propuestas pedagógicas donde la imagen, el video, la televisión, la internet juegan un papel preponderante, porque tristemente esta “cultura del espectáculo” (Ferrés 2000) está cayendo en el error de menospreciar lo clásico, lo que formó miles de generaciones con excelentes resultados, seres humanos que han edificado la cultura universal y que no lo han hecho mal. Busca recordar que “El ejercicio del pensamiento parece requerir quietud, silencio. La actitud reflexiva parece
requerir capacidad de distanciamiento respecto a las emociones. El simbolismo exige capacidad de trascender lo concreto. La autonomía personal exige capacidad de control y de espera…” (Ferres 2000a, pág. 68). Evitar que se olvide que centrar la educación en lo audiovisual y la estimulación sensorial “riñe con el pensamiento conceptual, la reflexión y la racionalidad.” (Ferres 2000b, pág. 68) y que no se puede privilegiar lo uno sobre lo otro, como desafortunadamente se está presentando, en aras de “sintonizar con las nuevas generaciones” (Ferres 2000).
La apuesta de esta estrategia es de resistencia, de esperanza en la educación de una generación que aprenda a convivir en paz a partir de la reflexión, la recuperación de los valores, de la cultura del pensamiento, de la sensibilidad ante el ser humano que está a su lado, no al otro lado de la pantalla, el cual, a pesar de ser cierto, es irreal en la mente humana. Se propone abrirle un espacio al silencio, la concentración, la empatía, dentro del vertiginoso mover y la prisa que caracteriza la escuela y el día a día. De paso puede generar gusto por la lectura, inquietud frente al texto escrito, ejercer operaciones mentales complejas que contribuyan a su éxito académico en la escuela.
Es una obligación, una responsabilidad de la escuela ofrecerles a los estudiantes todos los elementos posibles y la formación potencial para que ellos tengan la libertad de decidir, de elegir el enfoque de sus vidas, ofrecerles otras visiones, otras formas de acercarse al conflicto, tanto el social como el personal, asumir posturas pacificadoras o beligerantes, bélicas o conciliadoras, con los argumentos válidos para responder por cualquiera que elija.
Sin la libertad fundamental y la capacidad para hacer una cosa, una persona no puede ser responsable de hacerla. Pero el hecho de tener libertad y capacidad para hacer una cosa impone a la persona la obligación de considerar si la hace o no, y eso implica una
responsabilidad individual. En este sentido la libertad es tanto necesaria como suficiente para asumir la responsabilidad. (Sen A. 2000).
REFERENCIAS
Ferrés (2000) Educar en una cultura del espectáculo. Ed. Paidós, España.
Jurado (2004) Palimpsestos. Edic. SEM, Bogotá, D.C.
Savater (1997) El valor de educar, Ed. Ariel, Bogotá 1997
Sen (2000) Desarrollo y libertad. Ed. Planeta, Barcelona
Serna (2008)/para-que-sirve-la-literatura/Tomado de http://justoserna.com/2008/12/01
https://www.educaciontrespuntocero.com/opinion/necesario-transformar-educacion/94028.htm l

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