lunes, 1 de octubre de 2018

SIGLO XXI, PEDAGOGÍAS DEL SIGLO XIX. EL DESCONOCIMIENTO DE LA TECNOLOGÍA NO EXIME SU USO EN EL AULA


SIGLO XXI, PEDAGOGÍAS DEL SIGLO XIX.
EL DESCONOCIMIENTO DE LA TECNOLOGÍA NO EXIME SU USO EN EL AULA


La tarea de educar se ha considerado a través de la historia como un acto humano en el que media el conocimiento, un acto en el que la “verdad” o conocimiento es administrada por unos (profesores) y recibida por otros (estudiantes). Entre los muchos conceptos acuñados, podemos decir que la educación es un “…hecho humano y social que se produce en todos los tiempos y en todas las latitudes, donde quiera que entran en contacto dos generaciones sucesivas: una generación adulta, ya formada, y una generación adolescente, en formación, y cuando la primera ejerce una acción consciente e intencionada sobre la segunda con el fin de influir en el proceso de su desarrollo”. (Hernández y Tirado, 1940: p. 6 en Rojas M. 2006).
       Como acto humano, la educación, se ha ligado a la pedagogía la cual se ha considerado una ciencia, pero también una “reflexión práctica y teórica permanente sobre los procesos, instituciones o sistemas educativos”. (Lucio. R., Ávila R. 1989 en Ramírez.  Pedagogía y ciencia).
       Es esta pedagogía la que a lo largo de la historia ha venido evolucionando, buscando caminos para hacer que el proceso de enseñanza aprendizaje esté acorde con el mundo cambiante y las necesidades de educación que vienen con esta transformación.  Sin embargo, a pesar de su constante reflexión se ha quedado corta en su innovación, en comparación con la evolución que la tecnología de la información y comunicación ha tenido.  Y es que este tipo de tecnología incide directamente en el espacio escolar, puesto que se adelanta a lo que la escuela puede ofrecer, y deja sin piso muchas de las prácticas pedagógicas, que aún en este tiempo están apoyadas por el tablero, el marcador y uno que otro video educativo.
       La educación busca, entre sus tantos objetivos, mejorar la calidad de vida de sus educandos, ofrecerles oportunidades reales de mejoramiento de su vida, pero,   desafortunadamente el contexto educativo colombiano aún se encuentra inmerso en paradigmas que impiden que ese mundo digital, que se observa correr a pasos agigantados, solo tenga cabida en el tema de entretenimiento y poco o nada tenga que ver con el desarrollo personal. ¿Por qué?
       Lamentablemente la fuerza de la tradición histórica en la educación le continúa hablando al oído del “docente”, de la escuela, le hace ver la tecnología como una enemiga, la cual puede deshumanizar su aula, le hace menospreciar las herramientas que ella ofrece en el sistema de gestión del aprendizaje que, en algunas oportunidades, apenas conoce y le impide buscar la forma de entenderlas y aliarlas a su labor docente.
       No todos el ejercicio docente puede ser cobijados por esta afirmación, afortunadamente, hay educadores inquietos que están replanteando constantemente su práctica educativa en relación con la sociedad que viven sus estudiantes y la forma de ofrecerles posibilidades que les permitan adaptarse a una sociedad que se dirige a una era totalmente digital; sin embargo  hay otro sector educativo que permanece suspendido en el tiempo,  repitiendo esquemas de enseñanza recorridos por su propia experiencia.
       Para muchos docentes el miedo a no ser capaz de entender la tecnología y sus posibilidades en el aula lo puede llevar a relegarla totalmente, esto sumado a la precariedad tecnológica de las instituciones educativas y las dificultades que los estudiantes y sus familias tienen para acceder a ella  según el  Informe sobre el desarrollo mundial 2016, en el cual se afirma que “el 60 % de la población mundial sigue sin poder participar en la economía digital en constante expansión,”  y “los beneficios de la acelerada expansión de las tecnologías digitales han favorecido a las personas adineradas, cualificadas e influyentes del mundo, que están en mejores condiciones de sacar provecho de las nuevas tecnologías. Además, si bien el total de usuarios de Internet se ha triplicado con creces desde 2005, hay 4000 millones de personas que todavía no tienen acceso a Internet”; está vulnerando el derecho que los niños, niñas y jóvenes tienen a recibir una educación de calidad, pertinente y adecuada al contexto global.
       Se hace necesario evidenciar las posibilidades tecnológicas digitales para el proceso de enseñanza aprendizaje que están a un clic de distancia, las cuales en el afán del día a día escolar no se alcanzan a descubrir. La escuela no puede aislarse del mundo circundante que ofrece a los habitantes de la “aldea global”, herramientas informáticas de acercamiento al conocimiento, (en la edición y distribución de contenidos), herramientas de colaboración y comunicación (foros, chats, wikis, etc.); seguimiento y evaluación del aprendizaje y organización de los estudiantes en este espacio. Así mismo diferentes tipos de software que les permiten elegir los más adecuados de acuerdo a las características del contexto escolar y de los protagonistas del proceso el estudiante y el profesor (González, J. 2011)
       Es necesario que la escuela reconozca que hay una nueva cultura del aprendizaje
(Adell, J. y Castañeda, L. 2012) y que la pedagogía tiene que ir a la par con ella. Pues si bien las teorías pedagógicas clásicas fundamentan su quehacer en el aula, hay nuevas teorías que amplían el espectro de formas de aprendizaje que la tecnología ha traído consigo y los cuales no se pueden desconocer, entre ellos, el colectivismo el aprendizaje andamiada, desarrollo rizomático del currículo y otros más. (Adell, J. y Castañeda, L. 2012 p. 18).
       En esta nueva era de las tecnologías de la información y la comunicación se
          Superan los límites físicos y organizativos del aula uniendo contextos formales
e informales de aprendizaje, aprovechando recursos y herramientas globales y
difundiendo los resultados de los estudiantes también globalmente. Se anima a
que los participantes configuren espacios y ecologías de aprendizaje. “
      De la misma forma se despliegan una serie de oportunidades en la interactividad, tales como contar con docentes y y compañeros de cualquier lugar del mundo, actividades altamente significativas que permiten “aprender a aprender” y evaluar los aprendizajes emergentes. (Adell, J. y Castañeda, L. 2012)
       Los ambientes virtuales de aprendizaje que se pueden implementar en el aula generan la oportunidad, por las características de su esencia, de desarrollar una pedagogía de construcción del conocimiento; la confluencia de diversas estrategias de acercamiento al conocimiento (weblog, e-portafolios, foros, webquest, laboratorios virtuales, proyectos etc.)  permiten la reflexión, la asimilación del conocimiento y la construcción de nuevos saberes. (Peralta, A.; Barriga, F. 2010).
       A pesar de que es evidente la influencia que la tecnología digital tiene en la cotidianidad de los seres humanos y en especial de las nuevas generaciones, las escuelas siguen, en algunos casos, haciendo caso omiso a esta necesidad, mientras miles de niños y jóvenes se acercan a ella muy al margen de lo que pasa en las escuelas. Es necesario ver
la distancia relativa que existe entre el adentro y afuera de la escuela, por una parte, y entre el docente y el alumno, por la otra: “mientras los adultos se acercan a la tecnología digital como herramienta instrumento” cuando lo hacen, “cada vez más jóvenes viven el mundo digital como entorno” y reconfiguran el lugar de los saberes y sus poseedores. (Triquell et al 2007)
      Esta ruptura pone en desventaja a los estudiantes quienes, si bien cuentan con el interés y manejo de los avances de las tecnologías digitales, su campo de acción se centra en
nuevos momentos de conexión digital que, en el caso concreto de los adolescentes, sirven para reforzar los lazos con sus allegados, estar al día de lo que sucede en su entorno o profundizar en sus intereses personales. Un uso muy diferente al que realizan aquellos niños que pueden acceder al dispositivo del adulto que los acompaña y que habitualmente se basa en el visionado de documentos audiovisuales (dibujos, videojuegos, etc.) o en el repaso de las imágenes de la galería fotográfica de sus padres o familiares” (Roca, G. Coord.) 2015p. 42)
      y se pierden oportunidades valiosas de acceso al conocimiento académico que bien pondrían en la misma línea de acción al docente y el estudiante. 
Se hace ineludible que las escuelas y los docentes, sin desconocer que “la escuela es un lugar de formación y la educación integral de las personas es su objetivo principal” Se hace necesaria “La adquisición de competencias digitales” la cual “no debe ser confundida con la proliferación acrítica de dispositivos ni de aplicaciones. A la escuela se va a aprender de la tecnología y con la tecnología. Se va a adquirir nuevos conocimientos y las competencias digitales son uno de ellos. La tecnología debe estar al servicio del aprendizaje” (Roca, G. Coord. 2015 p. 79).
      Y los currículos escolares deben contemplar la formación de tipo tecnológico para sus estudiantes, programas que, en algunos países, como España ya han incorporado, desde la perspectiva del desarrollo de competencias digitales.  Roca, G.( Coord. 2015 p. 79 y 80)  ha definido el desarrollo de las  competencias digitales desde cinco dimensiones:
La “competencia digital” es la combinación de conocimientos, habilidades y capacidades, en conjunción con valores y actitudes, para alcanzar objetivos con eficacia y eficiencia en contextos y con herramientas digitales.   “La competencia digital en su sentido más amplio comprende cinco grandes         dimensiones:
1.La dimensión del aprendizaje, que abarca la transformación de la información en conocimiento y su adquisición.
2.La dimensión informacional, que abarca la obtención, la evaluación y el tratamiento de la información en entornos digitales.
3. La dimensión comunicativa, que abarca la comunicación interpersonal y la social.
 4.La dimensión de la cultura digital o ciudadanía digital, que abarca las prácticas sociales y culturales de la sociedad del conocimiento y la ciudadanía digital.
5.Y, finalmente, la dimensión tecnológica, que abarca la alfabetización tecnológica y el conocimiento y dominio de los entornos digitales.”
      Esta nueva mirada obliga a toda persona, pero especialmente al docente, a incorporar tanto en su objeto de aprendizaje como en su objeto de enseñanza, los ambientes virtuales de aprendizaje para ofrecerle al estudiante verdaderas condiciones, a nivel escolar, de desarrollo de un potencial que le permita desenvolverse en una sociedad que se lo va a exigir tanto a nivel de educación superior como en la parte laboral.
       Y es que el docente debe soltar su papel protagónico y permitir que en el espacio de aprendizaje los roles se transformen y sea el estudiante, en interacción con otros educandos, el protagonista de su proceso de aprendizaje y convertirse en un tutor.  (Salmón 2002 en Peralta, A.; Barriga, F. 2010).
       Finalmente es necesario que las facultades de ciencias de la educación involucren a sus docentes en una pedagogía con perspectiva digital ubicado en el siglo XXI, que las escuelas creen el contexto apropiado para que los estudiantes puedan acceder a las posibilidades tecnológicas que el mundo les exige y que los docentes se formen académicamente en el manejo de las tecnologías digitales y la forma apropiada de construir conocimiento a través de ellas. Es una obligación intelectual de quienes están frente a la responsabilidad de formar a las nuevas generaciones.
“El hombre debe aprender usando, en principio, los andamiajes de la cultura para adaptarse y transformar su medio y su propia historia individual. El hombre necesita aprender lo que no le es innato, lo que no se le ha dado por nacimiento y potenciar lo que se le ha dado por herencia genética. Por eso necesita de otros y de la cultura para garantizar su tránsito por el mundo. Ese es el proceso educativo. La cultura, en cambio, es todo lo que el hombre ha creado apoyándose en lo que la naturaleza le ha provisto para crear. La creación es individual y colectiva a la vez. El hombre crea tecnología, religión, ciencia, mitos, artes, lenguaje, costumbres, la moral, formas de pensar y de hacer, simbolismos y significados. Los modos simbólicos son compartidos por la comunidad, también son conservados, elaborados y pasados de una generación a otra para así mantener la identidad y forma de vida de la cultura. La expresión individual es sustancial a la creación de significado. La creación de significado supone situar los encuentros con el mundo en sus contextos culturales apropiados… aunque los significados están en la mente, tienen sus orígenes y su significado en la cultura en la que se crean (Bruner, 1997 en León 2007).
REFERENCIAS

 Adell, J. y Castañeda, L. (2012). Tecnologías emergentes, ¿pedagogías emergentes?
            Academia Edu. Recuperado de: https://goo.gl/dXGK7T
González, J. (2011) SGA Sistemas de Gestión de Aprendizajes. [Video de Youtube]   
            Recuperado de: https://goo.gl/XLl0Cr     

León, A.  (2007) Qué es la educación Educere, vol. 11, núm. 39, octubre-diciembre, 2007,
             p. 595-604, Universidad de los Andes Venezuela. Recuperado de    

Peralta, A.; Barriga, F. (2010). Diseño instruccional de ambientes virtuales de aprendizaje
                desde una perspectiva constructivista. Recuperado de: http://goo.gl/uozZh3
Ramírez A. Pedagogía y ciencia. Recuperado de:
              http://revistas.pedagogica.edu.co/index.php/PYS/article/viewFile/5289/4323                         Roca, G. (Coord.) (2015) Las nuevas tecnologías en niños y adolescentes. Guía para
              educar saludablemente en una sociedad digital. Barcelona: Hospital Sant Joan
              de Déu (ed). Disponible en la web: http://faros.hsjdbcn.org
Roldan, N. (2007). Ambientes Virtuales de Aprendizaje (AVA) ¿Cómo quieren aprender los 
            estudiantes?
           Revista Virtual Universidad Católica del Norte,   Num 19, septiembre-diciembre,
           2006 Fundación  Universitaria Católica del Norte. Medellín Colombia.
           Recuperado  de http://goo.gl/BPeFht.
 Rojas M.  (2006), Presencia de los clásicos en la producción discursiva de pedagogía
             en la Facultad de Filosofía y Letras-UNAM .vol. XXVIII, núm. 113, pp. 7-37.                                                                                                           













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